Perdidos Entre Ballenas

El Plan de Buceo

Spetiembre de 2017, Contratamos en Bahía de los Ángeles, BCS a un lanchero para que nos llevara a bucear, el plan era bajar a una zona profunda, buscábamos llegar si fuera posible a unos 50m que no pudimos alcanzar en nuestro primer buceo. Era nuestro segundo buceo del día y llevábamos exhalando nitrógeno y recuperando calor, durante una hora en superficie.

Cuando el capitán nos dijo que estábamos en el lugar correcto a unos 100m de una pared de una montaña que caía directo al agua, ¡fuimos sorprendidos por 5 ballenas jorobadas! Que se encontraban a unos 30m de distancia de nuestra pequeña embarcación.

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Nos alistamos tan rápido como pudimos y planeábamos llegar de inmediato a la zona más profunda y bucear desde ahí hacia la pared del arrecife deteniéndonos a unos 9m a grabar lo que encontráramos con suerte y poder grabar las ballenas, y bucear el resto a esa profundidad o menor provocando así un perfil muy seguro. Nos pusimos el equipo de buceo, mi compañera y yo nos colocamos en lados opuestos para mantener el balance de la lancha, al unísono contamos “uno, dos, tres…” y nos dejamos caer hacia atrás, con la característica y hermosa vista del cielo despareciendo entre miles de burbujas, para salir a flote de nuevo. Ya en el agua nos reunimos, nos hicimos la señal de que todo estaba bien, ajustamos las brújulas, abrimos las válvulas de nuestros chalecos y dejamos salir el aire con la emoción que sólo el buceo puede dar.

9 minutos después nos encontrábamos a 45 metros de profundidad algo así como un edificio de 15 pisos, estábamos suspendidos en un medio verde y obscuro causado principalmente por el pláncton que atrajo a las ballenas. La visibilidad no llegaba más allá de medio metro ¡no veíamos el fondo, no veíamos la superficie ni el arrecife!

Enormes Golpes a nuestro derredor.

De pronto sentimos un golpe en el pecho acompañado de un grave estruendo omnidireccional, algo que sólo puedo describir como si te encontraras dentro de un tanque metálico y alguien por fuera golpeara con un marro con toda su fuerza. Y pasados unos segundos, otro y otro y otro. Aunque siempre he sido muy arriesgado y amante de la aventura mi pensamiento en ese momento fue, “no se que sea eso pero no quiero estar ni tantito cerca”. Posiblemente las ballenas estaban peleando o algo así.

En ese momento abortamos la misión de ir más profundo y comenzamos a navegar con las brújulas hacia la pared del arrecife, suspendidos en el medio verde y ascendiendo a aguas menos profundas y peligrosas.

En las partículas suspendidas podíamos ver nuestro avance, aleteabamos y éstas pasaban hacia atrás. Así comenzaron a pasar los minutos, pero no había señal de la pared que buscábamos, avanzamos y avanzamos y nada. Pensé que seguramente nos habíamos desviado ligeramente hacia le norte y que habíamos pasado de largo la pared y que ahora entrábamos a la bahía, pero después de media hora así decidimos abortar el buceo y salir a superficie. Lanzamos nuestra Boya Marcadora de Superficie e hicimos nuestra parada de seguridad a 4m por espacio de 5 minutos.

Perdidos en el mar.

Por fin rompemos el espejo de agua de la superficie esperando ver a nuestra embarcación al salir y nos damos cuenta de que:

  1. No hay embarcación a lo largo del horizonte.
  2. La pared está en la misma dirección que la esperábamos pero estamos como a un kilómetro mar adentro.
  3. Hay una fuertísima corriente hacia afuera. Aún aleteando en la dirección correcta, hemos estado avanzando en reversa y en este momento nos seguimos alejando de la costa.

De pronto vemos lejísimos en el horizonte nuestra embarcación pero no se ve señas del capitán. ¿Le habrá dado un infarto o algún problema y yace acostado en el fondo de la lancha? Fue lo que pensamos.

Plan de Auto-Rescate

Nadando con toda nuestra fuerza, vemos que podemos vencer la corriente y avanzar, pensamos "Si logramos llegar a la pared y caminar por tierra y volver al agua más lejos tal vez podamos llegar a la lancha, pero habría que tirar todo nuestro equipo de buceo para lograrlo.

Antes de poner en marcha ese plan, decidimos gritar y tal vez ser escuchados. ¡En la lancha dejé mi silbato de emergencia! Cuando por fin después de varios gritos uniendo nuestras voces vimos que la lancha venía a toda velocidad por nosotros.

Conclusiones.

Cuando llegó nuestro capitán, nos dijo que por la profundidad y la corriente fue muy difícil seguir nuestras burbujas en superficie, nos perdió y la corriente nos había llevado justo en la dirección que el atardecer crea una reflejo cegador y que impedía que fueramos vistos.

Oceanglare

Ahí termina la aventura de buceo de este memorable día que nunca olvidaré. Ahora soy mucho más diligente en llevar aditamentos de seguridad como la boya y silbatos aunque parezca que sólo estorban.

¿Te gustó este tema? ¿Tienes alguna reflexión? Dános tu opinión.

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